ZACATECAS.– En la pequeña comunidad de Benito Juárez, municipio de Zacatecas, la calma del mediodía fue interrumpida por una escena que estremeció incluso a los más acostumbrados a los rigores de la nota roja. Un reporte al 911 alertó sobre un hombre que amenazaba con quitarse la vida en una transmisión en vivo por Facebook. Minutos después, agentes de la Secretaría de Seguridad Pública arribaron al lugar y encontraron a una mujer y a un hombre sin signos vitales. Una pistola de calibre .22 y el silencio absoluto les dieron la bienvenida.
De acuerdo con la información preliminar, el hombre habría disparado contra su pareja sentimental y posteriormente se quitó la vida. La Fiscalía General del Estado ya trata el caso bajo los protocolos especializados en feminicidio, a través de la Fiscalía Especializada en Delitos de Alto Impacto y de Género. En el domicilio, peritos recabaron indicios, levantaron los cuerpos y comenzaron la integración de la carpeta de investigación.
UNA VIOLENCIA QUE CALLA, UNA COMUNIDAD QUE NO LO VIO VENIR
El hecho ha dejado perpleja a la comunidad, donde —como suele suceder— los vecinos aseguran que «nunca se notó nada raro», que «parecían una pareja tranquila». Pero detrás de muchas fachadas silenciosas, los conflictos domésticos pueden crecer como grietas ocultas, hasta que se rompen con estruendo. Esta vez, nadie alcanzó a intervenir.
Lo ocurrido no es un caso aislado. La Secretaría de Seguridad Pública del municipio ha registrado 10 suicidios en lo que va del año, cuatro de ellos ocurridos tan solo en la última semana. Entre ellos, el cuerpo de un hombre fue localizado apenas unas horas antes, la madrugada del mismo lunes, en el Jardín de la Madre, en pleno Centro Histórico de Zacatecas. También junto a un arma de fuego.
TRATAR EL DOLOR CON DIGNIDAD, Y NO CON OLVIDO
En estos casos, es fundamental nombrar las cosas como son, pero también con respeto. La violencia de género, cuando se cruza con el silencio, puede derivar en tragedias irreparables. Y el suicidio —como fenómeno creciente— exige un abordaje sensible, pero también urgente por parte de las autoridades y la sociedad.
Aunque la investigación apenas comienza, lo que ya se sabe basta para exigir acciones preventivas: más acceso a salud mental, mayor vigilancia a señales de violencia doméstica, y una comunidad que no se acostumbre a convivir con estos duelos en voz baja.
Hoy, Benito Juárez amanece con dos sillas vacías, una comunidad consternada y una pregunta que nunca deja de doler: ¿Se pudo haber hecho algo antes?
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