ZACATECAS.– Liam tiene apenas dos años. Entró al quirófano con una fractura en el brazo y salió con un diagnóstico que heló el alma de su familia: muerte cerebral. Lo que debía ser una intervención de rutina se convirtió en una tragedia. Hoy, su historia ha encendido la indignación y la exigencia de justicia en Zacatecas.
Todo comenzó el pasado miércoles. El pequeño fue ingresado al Hospital General del ISSSTE en Zacatecas para ser operado por una fractura simple. Sus padres lo acompañaron hasta la antesala quirúrgica, lo despidieron con un beso y la esperanza de tenerlo de vuelta con un yeso y una sonrisa. Pero algo pasó. Algo que aún no tiene nombre ni responsables.
“El niño entró bien, vivo, con la bendición de sus padres… hoy ha sido declarado con muerte cerebral”, relatan, entre llanto, familiares que exigen respuestas.
UNA CIRUGÍA QUE CAMBIÓ TODO
Durante la operación, según versiones médicas, Liam presentó una reacción anafiláctica grave —una respuesta alérgica severa que derivó en un paro cardiorrespiratorio. Ahí comenzó el caos clínico y la pesadilla familiar.
Pero las versiones no cuadran. Inicialmente, el hospital informó que el corazón de Liam se detuvo por ocho minutos. Más tarde, la ficha técnica oficial del ISSSTE elevó esa cifra a 18 minutos. Diez minutos que pueden significar la diferencia entre la vida y un daño neurológico irreversible.
“Las inconsistencias en los tiempos de reanimación nos hacen pensar que hubo negligencia. Nos están ocultando algo”, aseguran los familiares.
A esta confusión se suma otro reclamo: la tardanza en la notificación. Fue hasta el sábado 5 de julio que los padres fueron informados de la verdadera gravedad del estado de Liam. Ya habían pasado días desde la cirugía.
PRESIÓN SOCIAL Y VERSIÓN OFICIAL
La presión ejercida por la familia, amigos y miembros del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Zacatecas (STUAZ), encabezados por Carmelita Saucedo, fue clave para que el caso comenzara a salir a la luz.
El ISSSTE, por su parte, sostiene en su ficha técnica que se brindó “reanimación avanzada inmediata”, que el paciente fue “estabilizado y trasladado a terapia intensiva pediátrica”, y que permanece bajo vigilancia estrecha del área de neurología pediátrica.
Pero para los padres, el lenguaje técnico no borra la imagen de un niño que entró caminando al hospital y hoy está inmóvil, sostenido por máquinas.
“NO PUEDE QUEDAR IMPUNE”
La familia de Liam ha sido clara: exigen justicia. No quieren un parte médico, quieren la verdad. Quieren saber qué falló, quién falló, y por qué.
“Mi hijo entró con vida. Si había riesgos, ¿por qué no nos lo dijeron? ¿Por qué tardaron tanto en avisarnos lo que había pasado?”
La exigencia de una investigación exhaustiva crece mientras Zacatecas se pregunta cómo es posible que un procedimiento tan común pueda terminar en tragedia. La esperanza se agota, pero la exigencia no: que el caso no quede en silencio ni en papeleo.
Porque Liam, un niño de dos años con una fractura en el brazo, no merecía esto.
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