Más de 600 militares llegaron a Zacatecas.

ZACATECAS.–  Al amanecer, antes de que el sol alcanzara los cerros de Tepetongo, una sombra metálica cruzó el cielo. Desde la Base Aérea de Santa Lucía, un avión C-130 de la Fuerza Aérea Mexicana descendía con precisión sobre territorio zacatecano. A bordo, cien fusileros paracaidistas, jóvenes entrenados para situaciones donde la ley ya no alcanza, pisaban el polvo seco del norte con un solo objetivo: recuperar el control.

La noche anterior, algo quebró la línea de respeto entre el crimen y las fuerzas federales. Tres elementos de la Guardia Nacional fueron privados de la libertad y violentados durante varias horas. El mensaje fue claro. La respuesta, aún más.

Horas después, el Ejército Mexicano anunció el despliegue de 600 elementos, divididos en 300 efectivos de Fuerzas Especiales y 300 paracaidistas. No fue un movimiento cualquiera: fue una declaración. El general Isaac Bravo López, comandante de la 11 Zona Militar, lo dijo sin rodeos:

No vamos a permitir que la delincuencia trasgreda a las fuerzas militares o ninguna otra”.

EL MAPA DEL TEMOR

El foco del despliegue no es amplio, pero sí quirúrgico. Tepetongo, Jerez, Villanueva y sus alrededores han sido marcados como zonas calientes. Territorios donde el crimen ha dejado de esconderse y ha comenzado a desafiar directamente a las instituciones. En esas calles se escuchan historias en voz baja: desapariciones, retenes fantasmas, caminos bloqueados por camionetas sin placas.

Las autoridades no han detallado los nombres ni las coordenadas, pero la intención es evidente: retomar el control territorial. Desde hace semanas, los rumores de que el crimen se ha infiltrado incluso en ciertas rutas militares no han cesado. Este nuevo operativo es el intento más visible de cortar de tajo esa narrativa.

EL HERMETISMO COMO ARMA

A diferencia de otros operativos, esta vez no hubo espectáculo mediático ni tomas aéreas compartidas en redes sociales oficiales. No se exhibieron cifras ni capturas. Solo órdenes, instrucciones tajantes y disciplina. El Ejército parece haber optado por el silencio como estrategia. Un silencio que, en Zacatecas, pesa más que los disparos.

Pero lo que se sabe es suficiente: los paracaidistas se están moviendo en células pequeñas, con equipo de reconocimiento nocturno y armamento especializado. La orden es simple y brutal: evitar nuevas agresiones, contener a los grupos delictivos y recuperar el respeto perdido.

UNA GUERRA QUE SE PELEA EN LA SOMBRA

Zacatecas lleva meses escribiendo su historia con sangre. El estado, con sus sierras, brechas y caminos rurales, se ha convertido en campo de batalla entre cárteles y fuerzas del orden. Lo de Tepetongo fue un punto de quiebre. No solo por la agresión, sino por el mensaje implícito: ya no hay temor de tocar al gobierno.

Y eso, dicen los que conocen el lenguaje del narco, solo se responde con fuerza.

El Ejército lo sabe. Por eso llegaron los que no suelen pisar tierra hasta que la situación se ha desbordado. Por eso callan. Porque mientras todos preguntan qué sigue, los hombres ya están desplegados, patrullando bajo órdenes precisas, entre comunidades en silencio y cerros que lo ven todo.

Y en el fondo, Zacatecas guarda la respiración, esperando que esta vez no sea otro episodio más de una guerra que, a veces, parece no tener final.

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FRASE DE LA SEMANA

“Corre el tiempo para que se ponga en marcha Transparencia para el Pueblo de Zacatecas y se cumpla con la Ley General de Transparencia, con los recursos y demandas de la ciudadanía sobre acceso a la información ante negativas”.

Norma Julieta del Río Venegas, excomisionada del INAI