FRESNILLO, ZAC.— La comunidad de Río Florido se enfrenta una vez más a una temporada crítica con la llegada masiva de jornaleros agrícolas. Este año, ya se han asentado cerca del 80% de los 4 mil trabajadores temporales esperados, y con ellos, reaparecen los focos de infección y las condiciones de salud deterioradas, especialmente entre la niñez.
“Los menores ya vienen enfermos”, advierte Cinthia Rivas Montoya, responsable del área de Sanidad en el municipio. Infecciones respiratorias y gastrointestinales son los principales padecimientos detectados en los primeros días, muchos de ellos relacionados con la exposición prolongada al polvo, al calor y la falta de atención médica durante el trayecto desde sus comunidades de origen.
Uno de los casos que más preocupa a las autoridades fue el de una niña diagnosticada con neumonía, cuya madre se negó a dejarla hospitalizada. “No podemos obligarlos, y eso complica todo. Damos seguimiento como podemos”, lamenta la funcionaria.
MENORES ENFERMOS Y RESISTENCIA A LA ATENCIÓN MÉDICA
Aunque muchos niños ya presentan enfermedades al momento de llegar, algunos padres se rehúsan a llevarlos a consulta médica, incluso cuando se les ofrece atención gratuita. Esta resistencia, según Rivas Montoya, dificulta la detección oportuna de enfermedades graves y multiplica el riesgo de contagio dentro de las viviendas improvisadas donde se alojan.
SANEAMIENTO DE EMERGENCIA ANTE EXPOSICIÓN FECAL
El hacinamiento, la escasa cultura de prevención y el uso inadecuado de sanitarios han obligado al municipio a lanzar un operativo de emergencia. Muchas personas, según reportes oficiales, defecan a cielo abierto pese a contar con baños, generando un foco de infección alrededor del río que atraviesa la comunidad.
“Tenemos que encalar las heces en plena vía pública, porque el riesgo es inminente”, señala Rivas Montoya. El operativo contempla también la inspección de vendedores ambulantes y otras medidas básicas para evitar brotes.
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VIVIENDAS RENTADAS: MEJORAS LIGERAS, CONDICIONES AÚN INDIGNAS
Aunque algunos propietarios han mejorado las viviendas que rentan a los jornaleros, el panorama general sigue siendo precario. Más de 150 casas ya están ocupadas por familias enteras, muchas de ellas sin ventilación adecuada, agua potable suficiente o espacios seguros para los menores.
“No se trata solo de que haya techo: queremos que vivan con dignidad. Ser jornalero no debería significar vivir en el abandono”, afirma la funcionaria.
CADA AÑO LLEGAN MÁS, PERO LOS SERVICIOS NO CRECEN
La cifra de jornaleros crece cada año, pero la capacidad del sistema sanitario local no lo hace al mismo ritmo. Las autoridades locales —con apoyo del IMSS-Bienestar y del Centro de Salud local— intentan contener una posible crisis sanitaria, mientras esperan el arribo total de la población jornalera en las próximas semanas.
El reto es grande y urgente, y mientras las soluciones estructurales no lleguen, Río Florido seguirá repitiendo el mismo ciclo: hacinamiento, enfermedad y olvido.
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