El penal de Aguaruto.

Riñas, armas, explosivos y túneles: el Centro Penitenciario de Aguaruto, en Sinaloa, sigue siendo un bastión en disputa entre los grupos criminales vinculados al Cártel de Sinaloa. Pese a los operativos y a los millones invertidos en seguridad, el control real parece seguir en manos de los reclusos.

UNA PRISIÓN EN GUERRA

El Centro Penitenciario de Aguaruto, en Culiacán, vuelve a estar en el centro de la polémica. Lo que debía ser un espacio de readaptación social se ha convertido en un campo de batalla entre facciones del Cártel de Sinaloa: los grupos ligados a “Los Chapos” y “Los Mayos”.

El 17 de octubre, una riña entre internos dejó un muerto y tres heridos. Durante el operativo posterior, las autoridades decomisaron tres armas largas, dos cortas y un artefacto explosivo. El hallazgo reavivó las dudas sobre el control efectivo del Estado dentro del penal.

LOS TÚNELES DEL PODER

En mayo pasado, custodios encontraron un túnel de 15 metros que conectaba el penal con el exterior. En su interior había un arsenal, drogas y un dispositivo Starlink, la red satelital de Elon Musk.

El hallazgo evidenció la capacidad tecnológica de las células criminales para mantener comunicación con el exterior. Aquella revelación desató rumores sobre una red clandestina de comunicación subterránea, usada para mantener el control del penal y coordinar operaciones en Culiacán.

Las autoridades optaron por el silencio, pero en Aguaruto, el silencio nunca significa calma.

SANGRE Y SILENCIO

Fuentes penitenciarias confirmaron que las pugnas internas se intensificaron a lo largo del año. En diciembre, un interno apareció colgado con signos de violencia. Aunque fue clasificado oficialmente como suicidio, versiones extraoficiales lo vinculan con la disputa interna.

El gobernador Rubén Rocha Moya reconoció que “la lucha entre grupos vinculados a ‘Los Chapos’ y ‘Los Mayos’ sigue presente dentro del penal”, y que mantener el control es una tarea permanente.

UN PASADO DE FUGAS Y LUJOS

El penal de Aguaruto arrastra un historial de escándalos y fugas. Durante el “Culiacanazo” de 2019, 55 reclusos escaparon, pese a las inversiones millonarias en seguridad.

Después se descubrieron celdas de lujo, equipadas con pantallas, consolas, aparatos de ejercicio y retratos de capos del narco. Años después, las condiciones parecen no haber cambiado: las requisas siguen revelando armas, drogas, gallos de pelea y dinero en efectivo.

Aguaruto es, una vez más, el espejo del poder criminal que sobrevive dentro del Estado.

EL SÍMBOLO DE UN FRACASO ESTATAL

Aguaruto se ha convertido en símbolo del fracaso penitenciario en México. Cada decomiso, cada riña y cada túnel hallado son recordatorios de que la guerra del narco no termina con una captura, sino que se traslada a las celdas.

La prisión más vigilada de Sinaloa sigue respirando la misma violencia que las calles de Culiacán. Y mientras el Estado intenta imponer orden, los grupos criminales siguen escribiendo sus propias reglas desde adentro.

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FRASE DE LA SEMANA

“Corre el tiempo para que se ponga en marcha Transparencia para el Pueblo de Zacatecas y se cumpla con la Ley General de Transparencia, con los recursos y demandas de la ciudadanía sobre acceso a la información ante negativas”.

Norma Julieta del Río Venegas, excomisionada del INAI