ZACATECAS. El miedo volvió a recorrer las carreteras de Zacatecas. En el municipio de Tabasco, fuerzas estatales y federales desplegaron un amplio operativo tras un ataque con explosivos que dejó heridos a cuatro policías de investigación y un perito forense.
El hecho, ocurrido a mitad de semana, ha encendido nuevamente las alarmas sobre la capacidad del crimen organizado para usar tácticas de guerra en territorio civil, un fenómeno que ya ha golpeado otras zonas del país como Jalisco y Michoacán.
OPERATIVO EN CURSO
Desde la madrugada del viernes, la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJEZ), junto con Fuerzas de Reacción Estatal y el Ejército Mexicano, montó retenes y revisiones en caminos rurales y brechas del municipio de Tabasco, una zona históricamente disputada por células delictivas que buscan controlar el paso hacia Guadalupe, Villanueva y Jerez.
La Fiscalía pidió a los habitantes mantener la calma y colaborar con la autoridad, pero la tensión es visible: pobladores reportan el sobrevuelo de helicópteros y convoyes de la Guardia Nacional avanzando entre comunidades donde los enfrentamientos son ya parte de la rutina.
EL ATAQUE Y SUS CONSECUENCIAS
El ataque con artefactos explosivos improvisados (IED) se dirigió contra agentes que realizaban labores de investigación. Cinco elementos resultaron heridos —cuatro de ellos policías ministeriales y un perito—, lo que desató un despliegue inmediato.
Horas después, las corporaciones detuvieron a 11 personas, entre ellas “El Braca”, identificado por inteligencia estatal como un presunto generador de violencia y responsable de ataques previos en el corredor sur del estado.
Durante las acciones, las autoridades aseguraron armas de fuego, droga, equipo táctico, uniformes falsos y un vehículo robado, evidencia del poder de fuego y la logística criminal que mantienen los grupos delictivos en la región.
EXPLOSIVOS, UNA NUEVA ESCALADA
Este no es un hecho aislado. Zacatecas se ha convertido en uno de los epicentros de la violencia más sofisticada del país, donde el uso de explosivos, drones y emboscadas contra corporaciones policiales se ha vuelto una constante.
En los últimos dos años, al menos seis ataques con explosivos han sido documentados en la entidad, principalmente en municipios rurales donde el Estado mantiene presencia intermitente.
SILENCIO Y TEMOR
Aunque la FGJEZ insiste en que la situación está bajo control, la realidad sobre el terreno es distinta. Muchos habitantes evitan salir de noche, mientras los caminos se llenan de retenes y rumores sobre nuevos enfrentamientos.
En Tabasco, los comercios cerraron antes del mediodía y las escuelas suspendieron clases. “No sabemos qué está pasando, sólo escuchamos detonaciones”, relató una vecina que prefirió mantener el anonimato.
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