El rastreo que cambió la investigación del feminicidio de Alma Sánchez tuvo un protagonista inesperado: Káiser, un perro Malinois entrenado de la Policía de Investigación de la Ciudad de México (PDI). Su habilidad olfativa permitió localizar los restos de la joven de 30 años en una construcción de la colonia Narvarte Oriente, un hallazgo que fue clave para detener al presunto feminicida.
UN HALLAZGO CRUCIAL
La víctima había desaparecido el 7 de agosto. Tras obtener una orden de cateo, los detectives de la FGJCDMX ingresaron al predio. Lo que parecía una obra común se convirtió en escenario de justicia: Káiser detectó restos humanos ocultos bajo una plancha de concreto, área que no figuraba en los planos de la construcción. El hallazgo ocurrió el 14 de agosto y permitió avanzar de manera decisiva en la investigación.
LA EVIDENCIA QUE NO SE PUEDE IGNORAR
Las imágenes de cámaras de seguridad mostraban que Alma ingresó a la obra acompañada por Antonio C.H., albañil vinculado a la construcción y luego identificado como principal sospechoso. La combinación de pruebas visuales y el rastreo canino transformó el caso: el cuerpo hallado y la evidencia reunida apuntaban directamente al agresor.
CAPTURA Y CONSECUENCIAS
Gracias a la coordinación entre agencias y la pista proporcionada por Káiser, Antonio C.H. fue detenido en Poza Rica, Veracruz, y trasladado al Reclusorio Norte de la Ciudad de México, donde quedó a disposición de un juez de control. El caso demuestra cómo la valentía y el entrenamiento de los binomios caninos pueden marcar la diferencia en la búsqueda de justicia.
HEROÍSMO ANIMAL CONTRA LA IMPUNIDAD
El hallazgo de Alma Sánchez no solo resolvió un misterio, sino que resaltó la labor indispensable de los perros rastreadores en la investigación criminal. Káiser se convirtió en un símbolo de esperanza y justicia, recordando que en la lucha contra el crimen, el olfato y la lealtad pueden salvar vidas y garantizar que los culpables enfrenten la ley.
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