Vecinos y estudiantes de Ciudad Universitaria y planteles cercanos vivieron este lunes una jornada de inquietud y psicosis tras la suspensión de clases presenciales en varias facultades y Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM. La decisión se tomó luego de que se detectaran mensajes anónimos con amenazas de masacre que circulaban en redes sociales y correos electrónicos.
SUSPENSIÓN DE CLASES PRESENCIALES
Facultades como Química, Derecho, Ingeniería y Economía informaron que durante este lunes 29 de septiembre sus actividades se realizarían en línea, con el objetivo de garantizar la seguridad de estudiantes y docentes. De igual manera, la FES Zaragoza adoptó la misma modalidad, destacando que la prioridad es proteger la salud mental y física de su comunidad.
“Se trata de un esfuerzo preventivo. No podemos poner en riesgo a nadie”, señaló un vocero universitario.
AMENAZAS QUE GENERAN TEMOR
Los contenidos que se difundieron en Facebook y otros canales fueron claros y perturbadores: “algo malo pasará, no crean que la FQ se salvó” o “despídanse de sus familias”. Además, se advertía que “cobrarían otra vida” en lugares concurridos, lo que encendió las alarmas tras el reciente asesinato de un estudiante del CCH Sur.
MEDIDAS PREVENTIVAS EN LOS CCH
Por prevención, los CCH Azcapotzalco, Vallejo, Naucalpan y Sur suspendieron clases durante varios días. A pesar de ello, los profesores mantendrán contacto con los alumnos a través de plataformas digitales, para no afectar la continuidad académica.
DENUNCIAS Y PROTOCOLOS DE SEGURIDAD
La Facultad de Química anunció que presentará denuncia formal por las amenazas recibidas, mientras que las autoridades de la UNAM activaron protocolos de seguridad y solicitaron vigilancia permanente en los planteles afectados.
Se pidió a los estudiantes no caer en provocaciones ni en desinformación, pero la tensión se percibe en pasillos vacíos, transporte cercano y entre las familias de quienes asisten a la universidad.
EL DESAFÍO DE GARANTIZAR LA SEGURIDAD
Más de 360 mil estudiantes dependen de la UNAM para su formación, pero estos días muestran cómo la educación puede verse interrumpida por el miedo. La comunidad local observa con atención y ansiedad cómo se manejan las amenazas y exige acciones efectivas que garanticen que las aulas sean espacios seguros nuevamente.
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