ZACATECAS.- El caso de Paloma Nicole Arellano, una adolescente de apenas 14 años, ha desatado una ola de conmoción e indignación en Durango y en todo el país. Su muerte, ocurrida tras someterse a una cirugía de aumento de busto, no solo expone una posible negligencia médica, sino también una realidad brutal: la presión que enfrentan las niñas y adolescentes para cambiar su cuerpo y ajustarse a estándares de belleza impuestos por la sociedad.
UNA CIRUGÍA QUE NO DEBIÓ HABER EXISTIDO
Según denunció su padre, Carlos Arellano, su hija fue operada sin su consentimiento en una clínica privada de Gómez Palacio. Señaló directamente al médico que practicó la intervención, identificado como hijo de un magistrado local, y acusó a la madre y al padrastro de la menor de permitir la operación a espaldas de él.
Carlos asegura que incluso intentaron ocultar lo ocurrido, diciéndole que su hija estaba hospitalizada por complicaciones de covid-19. “Mi hija murió víctima de un acto de negligencia criminal”, escribió en redes sociales.
PRESIÓN ESTÉTICA Y VIOLENCIA SIMBÓLICA
Colectivos feministas y activistas se sumaron a la denuncia. Fernanda Flores, defensora de la diversidad corporal, fue contundente: “Nicole murió también porque la sociedad le enseñó que su cuerpo no era suficiente”. Su mensaje llamó a replantear la manera en que se habla y se exige a las mujeres sobre la apariencia física, especialmente a edades tan tempranas.
El caso desnuda una problemática mucho más grande: el sistema que obliga a las adolescentes a creer que deben transformarse para ser aceptadas, incluso al costo de su vida.
IMPUNIDAD Y DEMANDA DE JUSTICIA
La indignación no solo está dirigida al cirujano y la clínica. El padre de la menor acusa una red de encubrimiento, al señalar que el acta de defunción registró “enfermedad” como causa de muerte, en un intento de borrar las huellas del procedimiento quirúrgico.
“Exijo justicia para Paloma Nicole. Que se investigue a todos los responsables: el doctor, la madre, el hospital, sus administrativos y quienes participaron en este encubrimiento”, reclamó su padre, quien pidió al gobernador Esteban Villegas que intervenga de manera directa.
UN GRITO QUE NO PUEDE IGNORARSE
El caso de Paloma Nicole ya es un símbolo. Su nombre se ha convertido en bandera de lucha contra la negligencia médica, la presión estética y la indiferencia del Estado. Su muerte no puede pasar como una estadística más.
“La belleza no puede valer más que una vida. Nuestras niñas merecen una sociedad que les enseñe que está bien habitar su cuerpo y respetarlo”, concluyó la activista Fernanda Flores.
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