ZACATECAS.– Jiménez del Teúl. El 12 de septiembre de 2025, las calles de este municipio volvieron a llenarse de consignas y mantas. Mujeres, hombres, jóvenes y personas mayores marcharon convocados por el Movimiento en Defensa del Territorio y el Río Atenco, el Observatorio de Conflictos Mineros en Zacatecas y la Red Mexicana de Afectadas y Afectados por la Minería (REMA). Su voz fue clara y contundente: rechazo total al proyecto de la presa Milpillas.
EL MENSAJE DE QUIENES MARCHAN
Las comunidades afirman que la presa, incluida ahora en el Plan Hídrico Nacional, es un proyecto impuesto que amenaza con desviar 92% del caudal del Río Atenco, lo que significaría su sentencia de muerte. Para ellas, perder el río es perder su sustento, su historia y su derecho a vivir en sus tierras.
“No estamos dispuestos a ceder nuestro territorio ni el agua. Ratificamos nuestro rotundo rechazo al proyecto de la presa Milpillas, San Andrés o cualquier otro nombre que le quieran poner”, proclamaron durante la protesta.
UNA PROMESA EN DUDA
Las y los manifestantes recordaron que la presidenta Claudia Sheinbaum se comprometió a no imponer la presa si las comunidades no estaban de acuerdo. Hoy le exigen cumplir su palabra. Aseguran que lo que se presenta como “progreso” es, en realidad, despojo: la destrucción del río, desplazamientos forzados y la profundización de la pobreza en la región.
EL CONTEXTO HIDRICO Y POLÍTICO
Datos de la propia CONAGUA confirman que los acuíferos de la región centro de Zacatecas están agotados, con un déficit de 262.5 millones de metros cúbicos anuales. La presa Milpillas aportaría apenas 41 millones, por lo que serían necesarias al menos siete presas para cubrir las necesidades mínimas de abasto.
Pese a ello, los gobiernos federal, estatal y municipal insisten en avanzar. Los manifestantes denunciaron al alcalde Daniel Cisneros Esparza como promotor del proyecto y criticaron el reciente nombramiento de Francisco Pérez Compeán en la Procuraduría Agraria, a quien acusan de presionar a las comunidades para aceptar la obra.
EL APRENDIZAJE DE OTRAS PRESAS
Los inconformes trajeron a la memoria casos emblemáticos: Arcediano en Jalisco, El Cajón en Nayarit, Cerro de Oro en Oaxaca, La Yesca en Nayarit-Jalisco, y el proyecto hidrológico de Veracruz. Todos tienen un patrón común: desplazamientos, incumplimiento de indemnizaciones, destrucción de pueblos enteros y empobrecimiento de las comunidades.
Mientras en Europa las presas se desmantelan por ser modelos obsoletos y dañinos, en México —denuncian— se sigue imponiendo un esquema que genera lucro para unos cuantos y devastación para los pueblos.
UN MOVIMIENTO SIN PARTIDOS
Las organizaciones enfatizaron que su movimiento es pacífico y ciudadano, sin tintes partidistas. Señalaron a políticos como José Narro Céspedes y agrupaciones como el Frente Popular de Lucha por Zacatecas de intentar aprovecharse del conflicto para fines electorales, algo que rechazan tajantemente.
“Nos han empobrecido todos los políticos que han pasado por estas tierras, pero no somos pobres: nos han empobrecido”, denunciaron.
SOLIDARIDAD Y RESISTENCIA
Más de 40 organizaciones nacionales e internacionales respaldaron el pronunciamiento, exigiendo protección para las y los manifestantes ante un contexto de riesgo y criminalización. Para las comunidades, la solidaridad es su mayor fortaleza.
El grito que resonó en Jiménez del Teúl sintetizó su lucha:
“¡No a la presa Milpillas! ¡Defender el río es defender la vida!”
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