ZACATECAS.– En silencio, bajo la tierra árida y agrietada de Zacatecas, miles —quizá millones— de diminutas cápsulas de vida esperan el momento exacto para emerger. Son huevecillos de chapulín, enterrados desde hace años, quizás décadas, y ahora, con la humedad y el calor del verano, empiezan a despertar.
En al menos ocho municipios del estado —Fresnillo, Guadalupe, Jerez, Ojocaliente, Sombrerete, Jiménez del Teul, Valparaíso y Villanueva— los brotes ya son visibles: enjambres de insectos robustos, rojizos, algunos de ellos ya colándose en los hogares de comunidades rurales.
Pero esto no es todavía una plaga. No oficialmente. «Es un brote», dice con firmeza Mario Rodríguez Quiroz, gerente del Comité Estatal de Sanidad Vegetal (Cesavez). Un brote que podría transformarse en una pesadilla si alcanza los campos de frijol.
LOS CHAPULINES “GORDIFLONES” Y EL ENEMIGO SILENCIOSO
La especie que ronda los agostaderos tiene nombre y apellidos: Brachystola magna y mexicana, mejor conocidos como chapulín gordiflón y saltamontes perezoso mexicano, ambos de gran tamaño y voracidad. No se conforman con masticar hojas: atacan el tallo, debilitando las plantas jóvenes desde su base.
Y ahí está el peligro. Porque aunque hoy se encuentran en zonas de pastizal, si llegan a los cultivos de temporal, el daño podría ser irreversible… en cuestión de días.
EL DESPERTAR DE LOS HUEVOS DORMIDOS
La verdadera amenaza no está a la vista. Está enterrada. Y no tiene fecha fija de llegada.
“El chapulín no puede erradicarse. Sus huevecillos pueden vivir enterrados hasta 20 años, esperando las condiciones correctas para nacer”, explica Rodríguez Quiroz. Una mazorca de huevos permanece dormida bajo tierra, como si fueran minas inactivas que pueden estallar al primer cambio climático favorable.
El problema es que nadie sabe cuántos son, ni cuándo emergerán.
UNA CARRERA CONTRA EL TIEMPO
Por ahora, ocho brigadas del Cesavez trabajan a contrarreloj, aplicando malathion, un insecticida que debe colocarse justo cuando cae el sol o durante las primeras horas del día, cuando los chapulines se retraen. Es ahí donde la batalla se da, discreta pero decisiva.
El fondo de contingencia fitosanitaria federal ha sido activado, pero ni los expertos saben si será suficiente.
¿SE REPETIRÁ LA HISTORIA?
En Zacatecas no es la primera vez que el campo enfrenta un enemigo microscópico que parecía inofensivo. Lo que comienza como un fenómeno aislado puede convertirse, como otras veces, en un desastre agrícola nacional si no se contiene a tiempo.
Los cultivos de frijol y maíz, base alimentaria y económica de cientos de familias, están en la mira de estos insectos ancestrales. Su ataque no da tregua ni aviso. Solo salta, arrasa… y desaparece.
Y mientras tanto, bajo tierra, los que aún no nacen esperan su turno.
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