ZACATECAS.– En Zacatecas, la minería ilegal se ha consolidado como una de las principales fuentes de financiamiento del crimen organizado, alimentando una cadena de violencia, extorsión y desplazamientos forzados que devasta comunidades y pone en jaque a empresas legales.
LA MINERÍA ILEGAL COMO BANCO DE LOS CÁRTELES
Lejos de ser una actividad marginal, la minería ilegal en Zacatecas es controlada cada vez más por grupos delictivos, que han encontrado en el oro, la plata y otros minerales una vía rentable para sostener sus operaciones. Ante la caída en ganancias por narcotráfico, estas organizaciones han diversificado sus ingresos, y el subsuelo zacatecano se ha vuelto su nuevo botín.
Los criminales controlan zonas de extracción, imponen cobros a pequeños mineros e incluso operan con maquinaria pesada en regiones apartadas, sin ningún tipo de regulación. Esto ha derivado en la destrucción de ecosistemas, contaminación de mantos acuíferos y la expulsión de comunidades enteras de sus territorios.
EMPRESAS MINERAS EN EL FOCO DEL TERROR
El crimen no solo se alimenta de lo ilegal. Las mineras formales también han sido blanco de robos, amenazas y violencia sistemática. Uno de los casos más escandalosos ocurrió en 2024, cuando seis góndolas cargadas con concentrados minerales fueron robadas a la minera Peñasquito, en Mazapil, con un daño estimado de más de 40 millones de dólares.
La violencia ha forzado a empresas extranjeras a suspender operaciones y evacuar personal. La minería legal en Zacatecas opera bajo asedio, sin garantías mínimas de seguridad para sus trabajadores o sus cadenas logísticas.
GOBIERNO ACORRALADO, CRIMEN ORGANIZADO AVANZA
Las respuestas oficiales han sido limitadas e insuficientes. Aunque el gobierno estatal ha desplegado operativos y buscado colaboración con empresas del sector, la falta de recursos, la corrupción institucional y el poderío del crimen organizado han minado cualquier intento serio de contención.
El problema va más allá de la extracción ilegal: los minerales robados alimentan redes de lavado de dinero, narcotráfico y trata de personas, generando un entorno de inseguridad crónica que trasciende el ámbito económico y pone en riesgo la gobernabilidad regional.
Zacatecas, tierra rica en minerales, se ha convertido también en territorio fértil para el crimen. Y mientras el oro y la plata fluyen en el mercado negro, la ley y el Estado parecen cada vez más ausentes bajo tierra.
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