Decomiso de metanfetamina en Zacatecas.

ZACATECAS.–  A simple vista, Zacatecas parece una tierra de paso. Sus carreteras serpentean entre cerros secos, pueblos de adobe y sembradíos que a ratos parecen abandonados. Pero bajo esa apariencia tranquila, el estado se ha convertido en uno de los territorios más disputados por el crimen organizado. No por lo que tiene, sino por lo que conecta: es la bisagra que une al centro del país con las rutas del norte. Un corredor estratégico de guerra, donde el control de cada curva puede significar millones para los cárteles o la muerte para quienes quedan en medio.

UN PUNTO CRUCIAL EN EL MAPA NARCO

Zacatecas colinda con nueve estados: Aguascalientes, San Luis Potosí, Coahuila, Durango, Jalisco, Nayarit, Guanajuato, Nuevo León y Tamaulipas. Esta posición geográfica privilegiada lo convierte en el puente obligado entre el Bajío industrial y las rutas de exportación al norte, especialmente hacia Texas. Quien controla Zacatecas, controla el flujo de droga, armas y migrantes entre el centro y el norte del país.

No es casual que los dos cárteles más poderosos del país, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se hayan enfrascado en una sangrienta guerra por el territorio zacatecano. Las disputas se concentran en municipios clave como Fresnillo, Guadalupe, Jerez, Valparaíso y Calera, por donde cruzan carreteras federales como la 45 y la 54, que conectan hacia Aguascalientes, Durango, Saltillo, Monterrey y hasta Laredo.

LA GEOGRAFÍA COMO BOTÍN

La orografía del estado —con vastas zonas serranas, brechas rurales sin vigilancia y caminos secundarios— facilita el trasiego discreto de mercancías ilícitas. Las sierras de Valparaíso o los caminos entre Mazapil y Concepción del Oro son ideales para establecer rutas clandestinas, narco-campamentos o centros de acopio.

Además, Zacatecas sirve como «zona de amortiguamiento» para operaciones logísticas. Desde aquí se redistribuyen cargamentos que vienen del Pacífico hacia los mercados del noreste. En sentido inverso, es un punto de entrada para armas y dinero en efectivo provenientes de Estados Unidos.

UN ESTADO SIN PUERTAS, NI MUROS

«Zacatecas no tiene costas, ni fronteras internacionales, pero es como un nudo enredado entre varios hilos», dice un exfuncionario de seguridad. Esa misma condición lo hace difícil de blindar. Las autoridades estatales y federales han sido rebasadas, incapaces de vigilar todos los accesos. De hecho, muchas policías municipales están infiltradas o desmanteladas; otras han renunciado por miedo.

En los últimos tres años, miles de familias han abandonado comunidades rurales por amenazas del narco, y los desplazamientos forzados han alcanzado niveles que recuerdan a zonas en conflicto del sur. “No queremos irnos, pero tampoco queremos morir”, dijo un campesino de Jerez que huyó tras recibir un ultimátum.

DE TRÁNSITO A TEATRO DE GUERRA

Lo que comenzó como un punto de tránsito se ha convertido en teatro de guerra. Las emboscadas, decapitaciones y enfrentamientos armados en plena autopista han dejado claro que el narco no sólo quiere pasar por Zacatecas: quiere instalarse, dominar, gobernar.

Según datos del Secretariado Ejecutivo, Zacatecas se mantiene entre los cinco estados con mayor tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes. Tan sólo en lo que va de 2025, Fresnillo ha registrado más asesinatos que ciudades del doble de tamaño.

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FRASE DE LA SEMANA

“Corre el tiempo para que se ponga en marcha Transparencia para el Pueblo de Zacatecas y se cumpla con la Ley General de Transparencia, con los recursos y demandas de la ciudadanía sobre acceso a la información ante negativas”.

Norma Julieta del Río Venegas, excomisionada del INAI