FRESNILLO, ZAC.— Sobre la tierra seca y arada de un campo agrícola, la tarde del domingo se escribió una escena imposible de ignorar: un bebé recién nacido, con el cordón umbilical aún unido a su cuerpo, fue hallado sin vida. Su pequeño pecho presentaba una herida punzocortante del lado izquierdo. Fue abandonado, asesinado y dejado a la intemperie, en la comunidad de San Ignacio.
Eran cerca de las 15:00 horas cuando vecinos de la zona alertaron a las autoridades sobre la presencia del cuerpo. Acudieron policías, paramédicos y personal de Protección Civil, pero nada pudo hacerse. El pequeño ya no tenía signos vitales. Murió solo, sin siquiera un nombre, en un campo sembrado de indiferencia y horror.
LA HERIDA QUE LO CAMBIÓ TODO
Lo que los peritos confirmaron fue devastador: el bebé presentaba una herida de arma blanca en el pecho y aún tenía restos de la placenta. Esto indica que fue asesinado poco después de haber nacido. No hubo tiempo de cuidados ni cobijo. Solo abandono. Solo muerte.
INDIGNACIÓN Y BÚSQUEDA DE JUSTICIA
La escena quedó a resguardo de agentes de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE), quienes han iniciado una investigación para esclarecer este crimen atroz y localizar a quien o quienes pudieron cometerlo. El cuerpo fue trasladado al Servicio Médico Forense (Semefo) para la necropsia de ley que permita confirmar la causa de su muerte.
Este hallazgo, además de estremecer a los habitantes de la comunidad, reaviva la discusión sobre la violencia que alcanza incluso a quienes apenas llegan al mundo. Fresnillo, ya golpeado por años de inseguridad, hoy suma una tragedia más que clama por justicia.
¿QUIÉN LO SOSTUVO POR ÚLTIMA VEZ?
La imagen del bebé tirado en la tierra sigue dando vueltas entre los pobladores que fueron testigos de la escena. Nadie entiende cómo se puede llegar a tanto. Nadie puede responder la pregunta más dolorosa: ¿quién fue la última persona que lo tuvo en brazos… y por qué lo soltó así?
Hoy, un neonato sin nombre se convierte en símbolo de abandono, de un sistema que no alcanza a proteger ni al más indefenso. Y mientras las investigaciones avanzan, queda el vacío. La herida abierta. El llanto que nunca se escuchó.
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