ZACATECAS.– La tierra de Nochistlán escondió por días el secreto de un crimen atroz. Bajo el polvo de una propiedad familiar, una mujer fue sepultada por el hombre que decía amarla. El verdugo no era un extraño: José Guadalupe “N”, su pareja sentimental, fue quien la asesinó, la ocultó y creyó que con eso su delito se borraría.
Pero la tierra habló. Y la justicia también.
Un año después, la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas, a través de su área especializada en feminicidios, logró lo impensable en un estado marcado por la impunidad: una sentencia ejemplar. Treinta años de prisión para el responsable de un feminicidio brutal, cometido en julio de 2023, en el corazón del semidesierto zacatecano.
EL CRIMEN Y EL SILENCIO
Fue en una propiedad privada, perteneciente a la familia del propio asesino, donde se cometió el crimen. Según la investigación, José Guadalupe planeó todo: el encierro, la muerte y la desaparición del cuerpo. Después de matarla, la enterró con la esperanza de que nadie preguntara, de que el tiempo tragara su nombre y su historia.
Pero la historia no se borra tan fácil cuando hay una familia que busca, cuando hay una Fiscalía que insiste.
Los indicios llevaron a esa propiedad, y la verdad empezó a salir, entre grietas, entre testimonios rotos, entre tierra removida.
LA CONDENA
El caso llegó a juicio. Las pruebas, contundentes. El dolor, evidente. El tribunal no dudó en declarar culpable a José Guadalupe “N” por los delitos de feminicidio y desaparición de persona.
La sentencia no devuelve la vida. No borra el trauma. Pero marca un precedente en Zacatecas, donde tantas mujeres han sido arrancadas sin que haya responsables tras las rejas.
Treinta años de prisión. Treinta años para un hombre que eligió el camino del silencio y el terror.
UN AVANCE ENTRE SOMBRAS
La Fiscalía Especializada en Atención de Delitos contra las Mujeres por Razones de Género destacó la relevancia de la sentencia como parte de una política de justicia de género en el estado.
En una entidad donde la violencia contra las mujeres no cesa, cada sentencia es también un mensaje: la justicia puede ser posible, aunque llegue tarde y con lágrimas.
UNA MUJER MENOS, UN CRIMINAL MENOS LIBRE
El feminicidio en Nochistlán no fue un caso aislado. Fue uno más de una lista creciente, pero no uno más en el olvido. Su historia fue contada en los tribunales. Su cuerpo fue rescatado del silencio. Y su asesino, hoy, está en prisión.
La justicia no la salvó. Pero por una vez, sí castigó.
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