Abatidos 14 tras el enfrentamiento en Villanueva.

ZACATECAS.– El 14 de junio, en una brecha rural que conecta El Plateado de Joaquín Amaro con Villanueva, el silencio fue interrumpido por fuego. Mucho fuego. Cuando todo terminó, catorce civiles yacían abatidos, rodeados de casquillos y el polvo que nunca se asienta en tierras que conocen demasiado bien el sonido de la violencia.

Pero algo llamó la atención de las autoridades: sólo tres de los muertos eran zacatecanos. El resto, forasteros.

La escena, según admitió el fiscal general de Justicia del Estado, Cristian Paul Camacho Osnaya, ya no es extraña: la mayoría de los detenidos o abatidos no tienen raíces en el estado. Vienen de fuera, de otras entidades, y en algunos casos, ni siquiera de este país.

“Tenemos gran número de personas con un domicilio en otra entidad u originarios de otro estado de la República… Es un fenómeno que ya no es exclusivo de Zacatecas, sino de toda la región.”

La cifra es alarmante: uno de cada cinco detenidos en Zacatecas es foráneo. ¿Quién los trae? ¿Por qué? ¿Con qué promesa o amenaza cruzan fronteras y terminan muertos a la orilla de un camino?

¿RECLUTADOS O VOLUNTARIOS?

El fiscal reconoce una tendencia escalofriante: reclutamiento forzado. Jóvenes arrancados de sus hogares en otros estados y trasladados a Zacatecas para engrosar las filas del crimen organizado. Pero no es la única explicación.

“Lejos del reclutamiento forzado —matiza Camacho—, también hay un involucramiento voluntario. Muchos de los abatidos o capturados están relacionados directamente con actividades ilícitas.”

Una guerra silenciosa. Algunos llegan obligados. Otros, atraídos por el dinero o la adrenalina. Lo cierto es que la movilidad del crimen ya no respeta territorios: reclutan en un estado, cometen delitos en otro, y mueren lejos de casa.

EL ATAÚD EN LA PUERTA

Uno de los casos más perturbadores ocurrió en Durango. Un joven desapareció tras decir que iría a trabajar a Zacatecas. Días después, su cuerpo fue devuelto en un ataúd y dejado afuera de su casa, como si fuera mercancía defectuosa.

El fiscal zacatecano se deslinda: “La investigación corresponde a Durango. Pero si nos lo solicitan, colaboraremos”.

No obstante, el mensaje es claro: Zacatecas se ha convertido en el escenario final de muchas vidas que comenzaron lejos de ahí.

POLICÍAS EN LA MIRA

Y mientras unos llegan a morir, otros viven con el blanco en la espalda. En Tacoaleche, un agente de la Policía de Investigación fue atacado mientras estaba de descanso. Las cámaras de seguridad ya identificaron a dos vehículos involucrados.

Este es el tercer atentado contra oficiales desde que Camacho asumió el cargo. Dos agentes fueron asesinados este mismo año. Cinco personas ya han sido sentenciadas. Pero el miedo no se va. Cambia de nombre, cambia de rostro. Se disfraza de normalidad.

UN MISTERIO QUE CRUZA ESTADOS

Zacatecas se ha vuelto un vórtice. Un lugar de paso, de muerte, de desaparición. Nadie sabe cuántos llegan ni cuántos se van. Algunos aparecen en los partes policiacos; otros, en fosas. Y muchos más, jamás.

La violencia se ha globalizado a nivel doméstico. Lo dijo el fiscal con sobriedad: “Hay que trabajar desde un enfoque social, desde la prevención… pero sobre todo entender qué está generando esto”.

Porque si algo está claro es que Zacatecas está recibiendo cadáveres con códigos postales ajenos, y nadie sabe quién los mandó.

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FRASE DE LA SEMANA

“Corre el tiempo para que se ponga en marcha Transparencia para el Pueblo de Zacatecas y se cumpla con la Ley General de Transparencia, con los recursos y demandas de la ciudadanía sobre acceso a la información ante negativas”.

Norma Julieta del Río Venegas, excomisionada del INAI