ZACATECAS. – Mientras autoridades federales y estatales insisten en que el proyecto de la presa Milpillas será licitado en julio, en la comunidad de Atotonilco, municipio de Jiménez del Teul, la resistencia se fortalece. Habitantes locales advirtieron que no permitirán que se concrete una obra que consideran ajena, injusta y perjudicial para su territorio y sus vidas.
RECLAMOS ABIERTOS Y DIGNIDAD COMUNITARIA
Durante una reciente visita de representantes gubernamentales, los pobladores alzaron la voz con contundencia:
“¿Cómo se atreven a venir a llevarse el agua? Vean cómo está la comunidad, con un drenaje insalubre; hay miles de necesidades en todas las localidades. ¿Todavía tienen cara de venir aquí a pedir el agua?”, expresaron con indignación.
Para la comunidad, la prioridad debería ser atender las carencias históricas de los pueblos de la sierra zacatecana antes que construir megaproyectos que, aseguran, no están pensados para ellos, sino para beneficiar a sectores urbanos y empresariales a cientos de kilómetros de distancia.
“NO NOS VAN A ENGAÑAR”: MÁS INFORMADOS, MÁS DECIDIDOS
Lejos de disminuir, la oposición se ha hecho más sólida con el paso de los años. Los habitantes de Atotonilco aseguran estar más informados y organizados que nunca, conscientes de los impactos ambientales, sociales y culturales que la presa traería a su territorio.
“Nos quieren imponer algo que nos arruinaría. No vamos a permitirlo”, afirmaron.
MILPILLAS, PROYECTO ESTRATÉGICO CON POLÉMICA SOCIAL
El gobierno estatal ha insistido en que la presa Milpillas garantizará el abasto de agua potable a Zacatecas y Guadalupe por las próximas décadas. Sin embargo, el proyecto ha estado detenido desde hace más de cinco años por la fuerte oposición social, los conflictos agrarios no resueltos y la falta de consenso con las comunidades afectadas.
Ahora, con el anuncio de que la licitación se realizará en julio, la tensión ha vuelto a escalar.
MOVILIZACIONES EN PUERTA
De no haber una respuesta que priorice las necesidades locales, los pobladores no descartan protestas, bloqueos e incluso acciones legales para frenar la construcción.
El mensaje que enviaron a las autoridades fue claro:
“Aquí no pasarán. No nos vamos a quedar de brazos cruzados viendo cómo nos quitan el agua y nos dejan con promesas vacías”.
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